miércoles, 3 de agosto de 2016

Culaccino (MERAKI: CAPÍTULO II)

Mi vestido de flores de repente se ha convertido en una sudadera de los Lakers, el antro en el que estaba de repente es todo silencio, frío y olor a lima. En mi mente parece que están proyectando el tráiler de una película de terror, hasta que poco a poco voy tomando consciencia de mí misma y de mi vergüenza y me doy cuenta de que lo que estoy viendo son los únicos recuerdos que tengo de la noche.
Cuando mis ojos consiguen acostumbrarse a la penumbra lo primero que ven son los vasos derritiendo los restos de hielo sobre la mesa, ahora me doy cuenta de que la sal que tengo en los labios no sé si es del tequila o del derroche de lágrimas. Ojalá sea el tequila.
Y, bueno, luego está él. Reidar. Acurrucado en un sillón en el que le falta todo el espacio que a mí me sobra, manteniendo la distancia, con la cara llena de un cansancio que no le corresponde, con el peso de haber tenido que cargar con los desastres de un huracán que se lo ha llevado por delante. El huracán Valkyrie, encantado.
Estoy pensando que ni siquiera recuerdo como suena su voz cuando el Sol y sus ojos empiezan a amanecer a la vez, o a intentarlo; es demasiado pronto como para negarle cinco minutos más al sillón más incómodo del mundo. Y yo estoy demasiado cómoda en la casa de un desconocido, la comodidad de no tener que aparentar y a la vez poder ser sólo lo que tú quieras mostrar.

Un par de horas después me vuelvo a despertar en el mismo sitio, con el mismo dolor de cabeza. Salvo que ahora, gracias a la invasión de olor a café en mi cerebro, se agolpan unas irremediables ganas de vomitar en mi garganta.
Cuando consigo poner en pie cada una de las piezas de mi cuerpo, me encuentro encallada frente a una sonrisa torcida, los ojos más normales del mundo y una maraña de pelo castaño. Y no sé si es él o un espejo, porque estoy segura de que yo debo tener un aspecto bastante parecido.
-  Buenos días. ¿Café? – dice una voz de la que no me acordaba en absoluto.
-   Sí, pero después de vomitar, por favor. ¿El baño?
-  Al fondo a la derecha, y si necesitas que te vuelva a sujetar el pelo, avísame. – genial, eso era algo que no quería recordar.


A mis veintidós años, he conocido a muchas personas a lo largo de mi vida, con unos me he estrellado y con otros nunca paré de dar círculos en torno a una confianza que nunca apareció. He conocido los precipicios de algunos, y los pozos sin fondo de otros, al igual que ellos los míos, también me he reído con cada músculo de mi cuerpo con cada una de esas personas, pero os juro que puedo contar con los dedos de una mano las veces que me he sentido tan cómoda como en este mismo momento. Llevamos medio día empalmando un café con otro, como si fueran los tequilas y las cervezas de la noche anterior, lamiéndonos la resaca y las heridas, descalzos y en sudadera en un ático maltrecho en Berlín en pleno invierno. Y es que no es el sitio, son las personas las que son casa, refugio y, quien sabe, tal vez hogar.


2 comentarios:

Elena A. dijo...

Puf.... más, más, más, QUIERO MÁS.
Me encanta Val, me encantas tú y tu forma de escribir, en serio (ya te lo he dicho mil veces pero lo seguiré haciendo) de Reidar (en mi cabeza siempre lo leo como Rayden #dato) solo diré que me ha enamorado lo normales que has descrito sus ojos, en serio me ha parecido un puntazo que justo mencionaras eso.

Esperando al siguiente capitulo impaciente, se me hacen demasiado cortos pero eso tiene tambien un encanto que... :___)

Laura P. dijo...

Me sacas los colores, no sabes cuanto motiva esto (bueno, sí, sí lo sabes) <3

No me gusta llamarles capítulos por eso mismo, porque son demasiado cortos, pero yo es que soy de capítulo corto.